You are currently browsing the monthly archive for March 2012.

It’s a Saturday night and I am sitting in my apartment, drinking beer, listening to Manu Chao and reminiscing about my time in the Peace Corps but more importantly my time in Honduras and I thought it was time to put pen to paper.  We, all the volunteers that were in Honduras prior to being yanked out due to escalating violence, have been home for about two months.  I can only speak for myself but the adjustment back to life here has been bittersweet.  My transition back into life here was pretty easy; thanks to some great friends but for every one thing that I love about being home I miss two about Honduras.

I vividly remember walking through the streets of Tegucigalpa with my friend Byron to return a razor because I forgot to remove a sticker and was under the false impression that it was broken – stupid gringo.  The trip was unmemorable but what I do remember was the energy pulsing through me and how alert and alive I felt because there – in Honduras – you never know what is going to happen.  I remember standing on the balcony of a home in Tegucigalpa and watching my best friend propose to his girlfriend.  I remember getting my coworker into a fight because we were throwing ice at the locals and I remember being scorned the next day by our boss for causing a scene.  I miss the salsa clubs in Tela, the overcrowded two-story Salva Vida tent in La Ceiba and the white sand beaches of Roatan.  But the most memorable thing I remember about Honduras was walking through the security check with a lump in my throat and a tear in my eye because I was leaving a couple of people that did and do mean the world to me.

Everyday on my way to work I drive through a Mexican barrio and I can’t help but feel that somehow there is a small piece of me belongs there and I want to stop and talk about the weather over a piece of bread and a cup of coffee.  I hear conversations in Spanish and voyeuristically listen, not because I care what is being said but because I want to feel normal again and above all I miss my friends.  I truly feel that they are some of the best people I have ever met and I hate how distance changes things.  I miss picking mushrooms in the woods; I miss fishing for minnows with a broken fishing pole and I miss when perfect strangers ask you how you are doing.  For everything that we have, paved roads, a functioning government, etc. we lack in humanity.  I was shocked the other day when a stranger in the elevator asked me how my day was.  The first thing through my head was, “What does this guy want?” I had to stop and chastise myself for becoming so callous so quickly. I see myself starting to revert back to my former ways and it alarms me.  I hate how materialistic that I have become so quickly and I struggle daily to remind myself that one’s valor is not derived off of a paycheck or other material things. 

Life is short and I have had the incredible luck of living it twice.  People ask me how was the Peace Corps and would I recommend it for other people.  I hope that this blog answers that question.

I can’t wait for I my vacation in May and spending five hours on a (mostly) dirt highway in the back of a pickup truck (please have the mini cooler with beer ready) on my way to Gracias to watch my friends get married, I can’t wait to harass my friend Angela’s mother about taking her on a date and I can’t wait to see everyone. 

———

Es el sábado por la noche y estoy sentado en mi casa, bebiendo cerveza, escuchando a Manu Chao y recordando mi tiempo en el Cuerpo de Paz, pero lo más importante de mi tiempo en Honduras y pensé que era el momento para poner la pluma al papel. Nosotros, todos los voluntarios que estaban en Honduras antes de ser arrancado, debido a la escalada de violencia, han sido el hogar de cerca de dos meses. Yo sólo puedo hablar por mí mismo, pero el ajuste a la vida aquí ha sido agridulce. Mi transición a la vida aquí era muy fácil, gracias a unos grandes amigos, pero por cada cosa que me gusta de estar en casa me olvido de dos de Honduras.

Recuerdo caminar por las calles de Tegucigalpa con mi amigo Byron volver una navaja porque se me olvidó quitar una pegatina y se encontraba bajo la falsa impresión de que estaba rota – estúpida gringa. El viaje fue poco memorable, pero lo que sí recuerdo es que la energía circula a través de mí y cómo alerta y vivo, porque no me sentía – en Honduras – nunca se sabe lo que va a suceder. Recuerdo estar parado en el balcón de una casa en Tegucigalpa, y viendo a mi mejor amigo de proponerle matrimonio a su novia.Recuerdo que mi compañero de trabajo en una pelea, porque estábamos tirando de hielo a los vecinos y yo recuerdo haber despreciado al día siguiente por nuestro jefe de causar una escena. Echo de menos los clubes de salsa en Tela, el hacinamiento de dos pisos, la tienda Salva Vida en La Ceiba y las playas de arena blanca de Roatán. Pero lo más memorable que recuerdo de Honduras fue caminando a través de la comprobación de seguridad con un nudo en la garganta y una lágrima en mis ojos, porque me iba un par de personas que recibieron y me refiero a todo el mundo para mí.

Todos los días en mi camino al trabajo me conduce por un barrio mexicano y no puedo dejar de sentir que de alguna manera hay un pequeño trozo de mí pertenece a ella y quiero parar y hablar del tiempo sobre un pedazo de pan y una taza de café. Escucho las conversaciones en español y el voyeurismo, escuchar, no porque me importa lo que se dice, sino porque quiero sentirme normal de nuevo y sobre todo me olvido de mis amigos. Creo de verdad que son algunas de las mejores personas que he conocido y no me gusta cómo la distancia cambia las cosas. Echo de menos buscar setas en el bosque, me olvido de la pesca de carpas con una caña de pescar rota y yo echo de menos cuando perfectos desconocidos le preguntará cómo le está yendo. Por todo lo que tenemos, caminos pavimentados, un gobierno en funciones, etc que nos falta en la humanidad. Me sorprendió el otro día cuando un desconocido en el ascensor me preguntó cómo era mi día. La primera cosa por la cabeza fue: “¿Qué quiere este hombre?” Tuve que parar y castigar a mí mismo por ser tan cruel con tanta rapidez. Me veo empezando a volver a mis antiguos caminos y me alarma. No me gusta lo materialista que he llegado a ser tan rápida y lucho todos los días para recordarme que un valor no se deriva fuera de un cheque de pago u otras cosas materiales.

La vida es corta y no he tenido la increíble suerte de vivir dos veces. La gente me pregunta cómo fue el Cuerpo de Paz y se lo recomendaría a otras personas. Espero que este blog las respuestas a esa pregunta.

No puedo esperar a que mis vacaciones en mayo y pasar cinco horas en una carretera de tierra (sobre todo) en la parte trasera de una camioneta (por favor tenga la mini refrigerador con cerveza preparada) en mi manera de Gracias para ver a mis amigos se casan , no puedo esperar para acosar a la madre de mi amiga Angela acerca de cómo tomar ella en una fecha y no puedo esperar para ver a todo el mundo.

Advertisements